No consideramos que la justicia se nos presente por naturaleza, porque sí, sino porque se puede enseñar y se aprende con la práctica.
No daré veneno a nadie aunque me lo pida, ni le sugeriré tal posibilidad.
No desprecies a nadie; un átomo hace sombra.
No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicarselo a tu abuela.
No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada.
No es justo que viva de la caridad de otros quien puede bastarse a sí mismo.
No hables mal de nadie cuya carga no hayas llevado a cuestas.
No hay contentamiento más cierto que el que no se puede quitar.
No hay hombre, por viejo que esté, que no piense que puede vivir otro año.
No hay nada que sea más amenazador que la felicidad, y cada beso que damos puede despertar un enemigo.
No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.
No hay peor sordo que el que no puede oír; pero hay otro peor, aquél que por una oreja le entra y por otra se le va.
No impongas a nadie lo que tu mismo no puedas soportar.
No me gusta el trabajo, a nadie le gusta; pero me gusta que, en el trabajo, tenga la ocasión de descubrirme a mí mismo.
No nos hemos de dejar engañar por las malas acciones de la gente buena. Se puede ser bueno, misericordioso, desinteresado, y ser también capaz de una mala acción.
No olvida quien finge olvido sino quien puede olvidar...
No os espante la muerte; o extermina o transforma vuestra existencia.
No os espante la pobreza; nadie vive tan pobre como nació.
No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.
No puede conseguirse ningún progreso verdadero con el ideal de facilitar las cosas.
No puede el codicioso ser agradecido.
No puede el hombre sentirse a gusto sin su propia aprobación.
No puede el médico curar bien sin tener presente al enfermo.
No puede esperarse que los hombres sean trasladados del despotismo a la libertad en un lecho de plumas.
No puede existir bondad alguna donde no haya conocimiento de ella.