El único propósito del castigo es la prevención del mal; nunca impulsará a nadie al bien.
En el amor no existe el libre albedrío, nadie puede decidir de quién va a enamorarse.
En este mundo de información, de técnica, el pobre está marginado del circuito económico.
En lo que parecemos, todos tenemos un juez; en lo que somos, nadie nos juzga.
Equilibra tus necesidades con tu riqueza y no serás pobre ni rico, sino simplemente afortunado.
Escriba libros sólo si lo que va a decir en ellos usted nunca se lo confiaría a nadie.