A los niños nadie les enseña algunas cosas indispensables, como arreglar una llave que gotea, sobornar a un funcionario o cortarle el pelo al perro.
A nadie cuesta más que a aquel que mucho desea.
A nadie ha hecho rico el cultivo del ingenio.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad.
A nadie pedí la vida. Me esfuerzo por aceptar, sin júbilo ni rabia, todo lo que la vida ofrece. Partiré sin preguntar al prójimo acerca de mi curiosa permanencia en este mundo.
A nadie se le dio veneno en risa.
A nadie te pareces, desde que yo te amo.
A quien nada vale, no le envidia nadie.
A solas soy alguien. En la calle nadie.
Al que juró hasta que ya nadie confió en él; mintió tanto que ya nadie le cree; y pide prestado sin que nadie le dé; le conviene irse a donde nadie lo conozca.
Algunos dicen que el trabajo duro no ha matado a nadie, pero yo me digo ¿Por qué arriesgarse?
Amigos. Nadie más. El resto es selva.
Amistades que son ciertas nadie las puede turbar.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
Así como el individuo no está solo en el grupo, ni nadie es la sociedad solo entre los demás, el hombre no está solo en el universo.
Aunque tengas una familia numerosa, otórgate un territorio personal donde nadie pueda entrar sin tu permiso.
Bien lo sabe Dios, que en el mundo del amor, no habrá nadie que te quiera más que yo.
Cascar una nuez no es realmente un arte, y en consecuencia nadie se atrevería a congregar a un auditorio para entretenerlo entonces ya no se trata meramente de cascar nueces. O tal vez se trate meramente de cascar nueces, pero entonces descubrimos que nos hemos despreocupado totalmente de dicho arte porque lo dominábamos demasiado, y este nuevo cascador de nueces nos muestra por primera vez la esencia real del arte, al punto que podría convenirle, para un mayor efecto, ser un poco menos hábil en cascar nueces que la mayoría de nosotros.
Casi nadie repara por sí mismo en el mérito de otro.
Claro que vivimos en un mundo en el que nadie es quien dice ser.
Cógete a mi mano, arrímate un poquito más, nos perderemos en algún lugar lejano que nadie pueda imaginar.
Como a nadie se le puede forzar para que crea, a nadie se le puede forzar para que no crea.
Complace a todos y no complacerás a nadie.
Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza.