¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.
¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!
¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!
¡Viva la independencia!, ¡viva la américa!, ¡muera el mal gobierno!.
¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?
¿Racionalizar la fe?. Quise hacerme dueño y no esclavo de ella, y así llegué a la esclavitud en vez de legar a la libertad en Cristo.