El ajedrez procura una suerte de inteligencia que sirve únicamente para jugar al ajedrez.
El amor es invisible y entra y sale por donde quiere, sin que nadie le pida cuenta de sus hechos.
El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.
El arte de un príncipe consiste en hacer el bien personalmente y el mal por segunda mano.
El cielo de la fama no es muy grande, y cuántos más en él entren a menos tocan cada uno de ellos.
El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad.
El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.
El nombre propio es el que marca la individualidad; el apellido, las relaciones sociales.