Si pudiéramos profundizar en la vida intima de nuestros enemigos, encontrariamos tanta tristeza y sufrimientu que desarmarían cualquier hostilidad nuestra.
Si quieres hacer la paz, no hables con tus amigos; habla a tus enemigos.
Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen.
Si te quejas de que te traiciono, búscame enemigos a los que pueda odiar.
Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón.
Todos nuestros enemigos son mortales.
Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien.
Un alma se mide por las dimensiones de sus deseos, como se juzga una catedral por la altura de sus campanarios.
Un libro se mide por el bien que produce.
¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?
¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?