El mejor remedio contra todos los males es el trabajo.
El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo.
El pescador de caña, más come que gana.
El placer más seguro es el menos placentero.
El placer que acompaña al trabajo pone en olvido a la fatiga.
El que aguanta lo más, aguanta lo menos.
El que de mañana se levanta, en su trabajo adelanta.
El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera.
El que escribe mucho no yerra menos del que habla mucho.
El que menos corre, vuela.
El que siembre y cría, tanto gana de noche como de día.
El salario es de acuerdo con el trabajo.
El secreto de la dicha en el amor consiste menos en ser ciego que en cerrar los ojos cuando hace falta.
El sentido común es el menos común de los sentidos.
El sol era un melón, la tarde una sandía y la vida, la vida una pura gana de morder y morder manzanas.
El sueño más hermoso que el trabajo conoce son los hechos. Mi larga guadaña susurró, y olvidóse del heno.
El teléfono de la oficina no suena en los quince primeros minutos de la jornada a menos que uno llegue tarde, y si se da el caso, suena continuamente hasta que uno se incorpora a su puesto.
El trabajo ayuda siempre, puesto que trabajar no es realizar lo que uno imaginaba, sino descubrir lo que uno tiene dentro.
El trabajo bien hecho da alegría en el pecho.
El trabajo cansa. Eso prueba que el hombre no está hecho para trabajar.
El trabajo consiste en lo que un organismo está obligado a hacer; el juego consiste en lo que un organismo no está obligado a hacer.
El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, más luego se clarifica.
El trabajo en equipo es esencial; te permite echarle la culpa a otro.
El trabajo endulza siempre la vida, pero los dulces no le gustan a todo el mundo.
El trabajo ennoblece.