Dos cosas más aprendimos en la lluvia: cualquier sed tiene derecho cuando menos a una naranja grande y toda tristeza a una mañana de circo, para que la vida sea, alguna vez, como una flor o una canción.
Acá hay tres clases de gente: la que se mata trabajando, las que deberían trabajar y las que tendrían que matarse.
Algo malo debe tener el trabajo, o los ricos ya lo habrían acaparado.
Cada suicida sabe dónde le aprieta la incertidumbre
Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo.
Cómo disfrutan en un bando y en otro los asesinos
Contra el optimismo no hay vacunas.
Cuando el infierno son los otros, el paraíso no es uno mismo.
De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: De la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra.
Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida
El pensamiento es un pájaro extraño que se alimenta de sus propios yerros.
En ciertos oasis el desierto es sólo un espejismo.
En la razón sólo entraran las dudas que tengan llave
Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio
La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.
La infancia es a veces un paraíso perdido. Pero otras veces es un infierno de mierda.
La mariposa recordará por siempre que fue gusano
La muerte es una traición de Dios.
La muerte se lleva todo lo que no fue, pero nosotros nos quedamos con lo que tuvimos.
La perfección es una pulida colección de errores.
Los sentimientos son inocentes como las armas blancas
Melancolía: manera romántica de estar triste.
Ningún general asedia al adversario con tanta maestría, como esta flor amarilla. Todos los años toma febrero por asalto, instaura la floración total de la primavera y se retira sin ruido por las rutas de marzo.
No es muy inteligente ni sensible y gozará despreocupadamente de la vida; vivirá sin enterarse de su insignificancia, y ésta es una variante, acaso la única posible, de la felicidad.
No hay alegría más alegre que el prólogo de la alegría