La primera ley de la amistad es pedir a los amigos cosas honradas; y sólo cosas honradas hacer por ellos.
La razón de todos es un monstruo y la razón de uno...es la razón de uno.
La razón se pierde razonando.
La savia que alimenta la memoria del alma humana casi está seca. ¿Morirá la memoria del alma humana?.
La sola idea de que una cosa cruel pueda ser útil es ya de por sí inmoral.
La televisión ha acabado con el cine, el teatro, las tertulias y la lectura. Ahora tantos canales terminan con la unidad familiar.
La tierra tiene lo que tú levantas de la tierra. Nada más tiene.
La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.
La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.
La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas.
La victoria es por naturaleza insolente y arrogante.
La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos.
La vida feliz y dichosa es el objeto único de toda la filosofía.
La violencia es miedo a las ideas de los demás y poca fe en las propias.
La zona más rica de nuestras almas, desde luego la más extensa, es aquella que suele estar vedada al conocimiento por nuestro amor propio.
Las alturas guían, pero en las alturas.
Las cadenas que más nos encadenan son las cadenas que hemos roto.
Las dificultades también pasan como todo pasa, sin dificultad.
Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.
Las leyes callan cuando las armas hablan.
Las leyes guardan silencio cuando suenan las armas.
Las leyes se han hecho para el bien de los ciudadanos.
Las pequeñeces no son lo eterno, y lo demás, todo lo demás, lo breve, lo muy breve.
Las vanas pretensiones caen al suelo como las flores. Lo falso no dura mucho.
Leer es el único acto soberano que nos queda.