Mi soledad consciente mira las hermosuras inútiles del mundo.
No estás tan sola sin mí. Mi soledad te acompaña. Yo desterrado, tú ausente. ¿Quién de los dos tiene patria?.
No me resigno a dar la despedida a tal altivo y firme sentimiento que tanto impulso y luz diera a mi vida.
No puedes recoger lo que no plantaste.
No se debe cambiar de opinión si no se puede cambiar de conducta.
No son recuerdos, que es vida, y verdadero el diálogo que contigo tengo, madre, cuando aquí nos encontramos.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
Que si tu fuga fuera sobre verdes caminos y sobre las espumas, y te vieran mis ojos, seguirte yo sabría.
Quien gobierna podrá contar siempre con la cobardía de los argentinos.
Ser tuyo es renacerme porque logras borrar, hundir, que se retiren todos los espejos, los muros de mi alma.
Si de pronto se descompusieran todos los televisores del mundo, no habría escalas para medir los maremotos de aburrimiento.
Si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar.
Si para que brillaran las estrellas bastaba que cerrases tus dos ojos.
Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor.
Siempre que haya bobos habrá engañabobos.
Solo vale la pena luchar y vivir, por lo que se está dispuesto a morir.
Tempestades de deseos contra los muros del alba rompen sus olas. Me ciegan los tumultos que levantan.
Tengo yo la entrada de tus recuerdos, quietos, encerrados en mis caricias: forma de tu vida.
Todo está contado; la forma cambia. La forma es el mar, es insondable.
Tuvo mi amor la forma de tu vida.
Un lago en una isla eso es tu amor por mí, y mi amor te rodea como un inmenso mar de silencios azules; pero tienen también tus grandezas ocultas.
Un mito no es un mito hasta que puede anunciar un perfume o una marca de zapatillas.
Yo también pienso en mí cuando te sueño y robo al tiempo todas mis edades para poblar mis íntimas moradas y acompañarte siempre, siempre, siempre.
Yo y mi sombra, ángulo recto. Yo y mi sombra, libro abierto.
¡Qué música del tacto las caricias contigo! ¡Qué acordes tan profundos! ¡Qué escalas de ternuras, de durezas, de goces!.