Pero más, más ternura trae la caricia. Lentas, las manos se demoran, vuelven, también contemplan.
Se marchó bajo la lluvia. Sin decir palabra. Sin mirarme. Y me cubrí la cara con las manos. Y lloré.
Yo, sin lucha, inerme, me declaro vencido, si vencerme es ver en ti mis manos maniatadas.