Las esmeraldas de mis ojos tristes aguardan tus pupilas de bohemio, y mis manos germinan las caricias que brotan al contacto de tus dedos.
Las ideas son capitales que sólo ganan intereses entre las manos del talento.
Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan.
Los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos; porque el ver pertenece a todos, y el tocar a pocos. . . El vulgo se deja siempre coger por las apariencias. . . Y en el mundo no hay sino vulgo.
Los juicios son un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de meros abogados.
Los ojos son para mirar, las manos para coger, la cabeza para pensar y el corazón para amar.
Madres, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo.
Manos blancas no ofenden.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
Mis manos son el límite seguro de toda realidad.
Mis manos, mis pies, a los grandes sueños habéis encadenado.
Mis ojos buscan tus pupilas hondas, mis manos la caricia de tus dedos.
Muertas las ideologías, el mundo quedó en manos de gente práctica que anula cerebros bajo montañas de nada.
Nadie pone sus sueños en manos de aquellos que pueden destruirlos.
Niños: en cada flor hay muchas vidas y las manos que matan no son manos.
No me niegues que a veces, al despertar, quisieras refugiarte nuevamente debajo de mis manos, quedarte quietecita, apenas respirando, convertida en la misma huella de la noche.
No se debe poner la espada en manos del desesperado.
No tienes tú la culpa si en tus manos mi amor se deshojó como una rosa: Vendrá la primavera y habrá flores... el tronco seco dará nuevas hojas
No todos los que tienen las manos juntas, rezan.
Nuestras vidas no están en manos de los dioses, sino en manos de nuestros cocineros.
Oigo pegando mis oídos al mapa vivo de tu suelo que llevo aquí, aquí en las manos, repicar todas tus campanas, parpadear todas tus estrellas.
Otras manos lo han intentado, sólo las tuyas me han encontrado. Ya no puedo esconder el querer sentirte al amanecer.
Para escribir este poema, pasé años buscándome las manos. Debí quitarme telarañas de los ojos; poner mi corazón al ritmo de las circunstancias más que al de las novias efímeras y, sobre todo, no olvidar que el poema es la síntesis de toda una vida.
Periodismo: lanza la mierda y lávate las manos.