La tierra que no es labrada llevará abrojos y espinas aunque sea fértil; así es el entendimiento del hombre.
La verdad padece, pero no perece.
La vida es una mala noche en una mala posada.
Las mujeres no necesitan estudiar a los hombres, porque los adivinan.
Lee y conducirás, no leas y serás conducido.
No son buenos los extremos aunque sea en la virtud.
Nuestros defectos son como nuestros olores corporales: no los percibimos y no molestan, salvo a quienes están con nosotros.
Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta.
Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.
Tengo experiencia en lo que son muchas mujeres juntas. ¡dios nos libre!.
Tristeza y melancolía no las quiero en casa mía.
Vivir la vida de tal suerte que viva quede en la muerte.
Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero.
¡Ay que larga es esta vida! / ¡qué duros estos destierros! / ¡esta cárcel, estos hierros / en que el alma está metida! / Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, / que me muero porque no muero.
A todos amo con un amor de mujer, de madre, de hermana, con un amor que es más grande que yo toda, que me supera y me envuelve como un océano donde todo el misterio se resuelve en espuma...
A una madre se la quiere siempre con igual cariño y a cualquier edad se es niño cuando una madre se muere.
Abriendo los picos, los pajaritos esperan a su madre. LLuvia de otoño.
Amar a la madre de sus hijos es lo mejor que un padre puede hacer por sus hijos.
Amor de madre, ni la nieve le hace enfriarse.
Amor de madre, que todo lo demás es aire.
Aun viéndote sucia y borracha, me arrodillo para nombrarte: ¡Madre!.
Aunque amo a mi madre, no quise hacer un retrato idealizado de ella. Me fascinan más sus defectos: son más divertidos que sus otras cualidades.
Como blasfemo es el que abandona a su padre, maldito del Señor es quien irrita a su madre.
Como es la madre, así es la hija.
Creo que mi madre fue siempre fiel a la infidelidad de mi padre y eligió la castidad. La castidad de mi madre era peor que la de una virgen, porque ella había conocido el placer durante unos meses y luego renunció a él para toda la vida.