Las mujeres no advierten lo que hacemos por ellas; no notan sino lo que dejamos de hacer.
Las mujeres no simpatizan entre sí por los mismos motivos que agradan a los hombres.
Las mujeres son secretistas por naturaleza, y les gusta practicar el secreto por su cuenta.
Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen, nada que decir, pero lo dicen deliciosamente.
Las mujeres, como las espadas, cuando más respeto inspiran es cuando están desnudas.