La mujer no existe. Sólo hay mujeres cuyos tipos varían al infinito.
La naturaleza ha preparado mejor a las mujeres para ser madres y esposas, que a los hombres para ser padres y maridos. Los hombres tienen que improvisar.
La noche muestra a las estrellas y a las mujeres bajo una luz mejor.
La paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor.
La radio marca los minutos de la vida; es diario, las horas, el libro; los días.
La vejez es un exceso que aumenta por días.
La vida es como un viaje por la mar: hay días de calma y días de borrasca; lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco.
La volubilidad de la mujer a quien amo es sólo comparable a la infernal constancia de las mujeres que me aman.
Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.
Las buenas cosas ocurren todos los días. Solo nos tenemos que dar cuenta de ellas.
Las conferencias deben ser como las faldas de las mujeres: suficientemente largas para contener algo y suficientemente cortas para despertar el interés.
Las costumbres hacen las leyes, las mujeres hacen las costumbres; las mujeres, pues, hacen las leyes.
Las horas del muchacho son más largas que los días del viejo.
Las horas que limando están los días que royendo están los años.
Las ideas son como las mujeres, alimentar diez cuesta menos que vestir una.
Las mujeres comunes saben más de hombres que las mujeres hermosas. Pero las mujeres hermosas no necesitan saber de hombres, son los hombres los que tienen que saber de mujeres hermosas.
Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes.
Las mujeres cuanto mas masa tengan, mas atractivas son.
Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día.
Las mujeres desconfían demasiado de los hombres en general y muy poco en particular.
Las mujeres donde están sobran, y donde no están faltan.
Las mujeres feas son celosas de sus maridos. Las bonitas no tiene tiempo, ¡están siempre tan ocupadas en estar celosas de los maridos de los demás. . . !.
Las mujeres han servido durante todo este siglo como espejos que poseyeran el poder de reflejar la figura del hombre a un tamaño doble del natural.
Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo.