Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.
Todos los hombres que han demostrado valer algo han sido los principales artífices de su educación.
Todos los hombres se parecen por sus palabras; solamente las obras evidencian que no son iguales.
Todos los hombres tienen sus horas de niños, y ¡hay del que no las tiene!.
Todos los hombres tienen una mujer en el pensamiento; los casados, además, tienen otra en casa.
Un vestido carece totalmente de sentido, salvo el de inspirar a los hombres el deseo de quitártelo.