No es humano el deber que por soñar con una humanidad perfecta es inexorable con los hombres.
No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.
No importa que las mujeres nos fastidien; lo que no soportamos es que nos fastidie siempre la misma.
No se debe juzgar a los hombres por su fisonomía, sobre todo, sin ponerlos a prueba.
Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy.