Los vestidos de las mujeres no son mas que variaciones de la eterna lucha entre el deseo confesado de vestirse y el inconfesado de desnudarse.
Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.
Más hermosa que todas las mujeres posibles (y esto basta para definirla).
Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses.
Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.
Me he dado cuenta que a menudo, los corazones de los hombres no son tan malos como sus actos, y casi nunca como la maldad de sus palabras.
Me recuerdo claramente. Antes de experimentar compasión por los hombres, experimenté en mí mismo la vergüenza. Tenía vergüenza de ver el sufrimiento de los hombres y de esforzarme por transformar todo ese horror en un espectáculo efímero y vano.
Mediante la lectura nos hacemos contemporáneos de todos los hombres y ciudadanos de todos los países.
Mi opinión sintética de las mujeres es que con ellas es preciso atreverse a todo.
Mientras los hombres sean libres para preguntar lo que deben; libres para decir lo que piensan; libres para pensar lo que quieran; la libertad nunca se perderá y la ciencia nunca retrocederá.
Mozos fueron primero los que ahora son hombres.
Muchos hombres no se equivocan jamás porque no se proponen nada razonable.
Mujeres. . . Y si habitaran la luna, habría más astronautas que arenas en el mar.
Muy pocos grandes hombres proceden de un ambiente fácil.
Nada agravia tanto a los hombres como ir contra sus ceremonias y costumbres.
Nada de lo que ocurra a los hombres nos debe resultar ajeno.
Nada revela mejor el carácter de los hombres que una burla tomada a mal.
Nada revela tan a las claras el carácter de los hombres como aquello que encuentran ridículo.
Nadie puede librar a los hombres del dolor, pero le será perdonado a aquel que haga renacer en ellos el valor para soportarlo.
Ni con la mejor voluntad y la más pura de las intenciones les resulta fácil conocerse a los hombres; y a ello viene a sumarse la mala voluntad, que todo lo tergiversa.
Ni pueblos ni hombres han de ser medrosos que lleguen a tener miedo de sí mismos. En buena hora que la política sea artística, y pocas ciencias requieren tanto arte y mesura y estudio y buen gusto como ella. Pero ha de ser sincera.
Ningún gobierno puede sostenerse sin el principio del temor así como del deber. Los hombres buenos obedecerán a este último, pero los malos solamente al primero.
No confundáis a Jesús, el maestro, con los pobres hombres que le siguen de lejos. No esperéis que su inconsecuencia pueda serviros eternamente de excusa.
No debe afligirnos el que los hombres no os conozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.
No debemos amar a los hombres, sino a la llama que no es humana y que los hace arder. No debemos luchar por la humanidad, sino por la llama que transforma en fuego a esta paja húmeda, inquieta, ridícula, a la que llamamos Humanidad.