Es preciso que los hombres conozcan el mal para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.
Es una cosa bastante repugnante el éxito. Su falsa semejanza con el mérito engaña a los hombres.
Hay algunos hombres que no dicen lo que piensan y otros que piensan demasiado lo que dicen.
Hay dos clases de hombres: los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas.