Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego.
El 80% de los hombres casados engaña a sus esposas en los Estados Unidos. El resto lo hace en Europa.
El amor de las mujeres por los hombres no es un muro a cuyo amparo ellos se puedan refugiar; es un obstáculo que se ha de franquear para vivir.
El amor es la historia de la vida de las mujeres y un episodio en la de los hombres.
El amor llenará al cabo el pecho de los hombres.
El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.
El arte de persuadir consiste tanto en el de agradar como en el de convencer; ya que los hombres se gobiernan más por el capricho que por la razón.
El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.
El arte todo debe mostrar porque los hombres son de tal o cual manera.
El auténtico problema no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres.
El comercio mezcla a los hombres, pero no los une.
El conocimiento de los hombres no va más allá de su experiencia.
El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.
El cristianismo. . . Imparte a los hombres una doble vida y ofrece los goces imaginarios del cielo como un solaz para las miserias reales de esta vida.
El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices.
El destino de muchos hombres depende de que haya habido una biblioteca en su casa paterna.
El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres.
El dinero falso lo hacen los hombres; pero en muchas casos, el dinero, falso o no, hace hombres falsos.
El ejemplo es una lección que todos los hombres pueden leer.
El fin de la creación literaria es iluminar el corazón de todos los hombres, en los que tienen de meramente humano.
El fuego prueba el oro; la miseria los hombres fuertes.
El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen.
El gusto por la adulación se debe, en la mayoría de los hombres, a la pobre opinión que tiene de sí mismos; con las mujeres ocurre al contrario.
El hombre económico es el más rico de los hombres, pero el avaro es el más pobre.
El hombre embrutecido por la superstición es el más vil de los hombres.