Aquel que se confía a dios deja de temer a los hombres.
Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.
Aristóteles manifestaba que las mujeres tenían menos dientes que los hombres; aunque se casó dos veces, nunca se le ocurrió comprobar esta afirmación examinando la dentadura de sus esposas.
Aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones.
Aunque los hombres se jacten de sus grandes acciones, muchas veces no son el resultado de un gran designio, sino puro efecto del azar.
Aunque los hombres se vanaglorian de sus grandes obras, frecuentemente no son estas el resultado de un noble propósito, sino efecto del azar.
Casi todos los hombres ganan al ser conocidos.
Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre.
Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.
Ciertos hombres tienen el talento de ver mucho en todo. Pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay.
Como al caballo lo prueba el camino, a los hombres los prueba su destino.
Como hombres indiferentes y casi divinos, estudiar e investigar lo que existe y no lo que nos agrada.
Con hombres que no creen en mí, no puedo ni quiero asociarme.
Con los hombres que no lo son, poca o ninguna conversación.
Con un mucho y dos poquitos se hacen los hombres ricos.
Confía en los hombres y te serán leales. Trátalos como a grandes señores y se comportarán como tales.
Crecemos en grandeza a traves de sueños. Todos los grandes hombres son soñadores. Ven cosas en la suave neblina de un dia de primavera o en el rojo fuego de una larga tarde de invierno. Algunos de nosotros dejamos que estos grandes sueños mueran, pero otros los alimentan y protejen; los cuidan a traves de malos dias hasta que los traen al calor del sol y la luz que siempre viene a aquellos quienes sinceramente esperan que sus sueños se haran realidad.
Creo que en la política ya sé diferenciar entre los pecados de los hombres y la limpieza de las ideas.
Creo que la Biblia es el mejor don que Dios jamás haya dado a los hombres.
Creo que las mujeres sostienen el mundo en vilo, para que no se desbarate mientras los hombres tratan de empujar la historia. Al final, uno se pregunta cuál de las dos cosas será la menos sensata.
Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al propio tiempo observo sus acciones.
Cuando los grandes hombres se dejan abatir por la duración de sus infortunios, demuestran que sólo los soportaban por la fuerza de su ambición, y no por la de su ánimo, y que, sin más diferencia que una gran vanidad, los héroes son iguales que los demás hombres.
Cuando los hombres buscan la diversidad viajan.
Cuando los hombres se ven reunidos para algún fin, descubren que pueden alcanzar también otros fines cuya consecución depende de su mutua unión.
Cuando los hombres se vuelven virtuosos en la vejez no hacen más que sacrificar a Dios los legados del demonio.