El favor consiste no en lo que se hace o se da, sino en el ánimo con que se da o se hace.
El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído.
El hombre no se da cuenta de cuánto puede hacer, más que cuando realiza intentos, medita y desea.
El hombre que condiciona su felicidad al cumplimiento de un objetivo se hace esclavo de éste.
El hombre todo lo perfecciona en torno suyo; lo que no hace es perfeccionarse a sí mismo.