Yo vivo de lo poco que aún me queda de usted, su perfume, su acento, una lágrima suya que mitigó mi sed.
¡Confiamos demasiado en los sistemas, y muy poco en los hombres!.
¡Llora!, no te avergüences de confesar que me has querido un poco.
¡Qué agradable sería un mundo en el que no se permitiera a nadie operar en bolsa a menos que hubiese pasado un examen de economía y poesía griega, y en el que los políticos estuviesen obligados a tener un sólido conocimiento de la historia y de la novela moderna!
¡que poco se requiere para ser feliz!. . . El sonido de una gaita.
¿Cómo ha ido todo? ¿Me has echado de menos? ¿Sabes,? anoche apareciste en mis sueños, llevabas menos ropa.
¿La edad de la luna? Yo diría más o menos trece años.
¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido.
¿por qué escribo?. Porque encuentro la vida poco satisfactoria.
¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu.
¿Quién sería lo bastante insensato para morir sin haber dado al menos la vuelta a su cárcel?