Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad es preciso que aprendan a oirla.
Todo cuanto hemos entendido, reflexionado y comparado está dispuesto para servir a la razón.
Cuando Dios te da un don, también te da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse.
Las tristezas no se quedan para siempre cuando caminamos en dirección a lo que siempre deseamos.
...Para mí, era el pan, era la nieve; ya la nieve no es blanca, el pan no sabe a nada.
A fin de cuentas las opiniones no son más importantes que las personas como para separarlas.