Para adelgazar no hay nada como comer caviar sin pan y beber champán sin burbujas.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Para conocer la flor del ciruelo, tanto el propio corazón como la propia nariz.
Para conseguir la más pequeña fortuna, vale más decir cuatro palabras a la querida de un rey que escribir cien volúmenes.
Para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios.
Para el hombre, como para el pájaro, el mundo ofrece muchos sitios donde posarse, pero nidos solamente uno: su hogar.
Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse.
Para la mayoría de los hombres, la experiencia es como las luces de popa de un barco: Iluminan sólo el camino que queda a sus espaldas.
Para las mujeres el mejor afrodisiaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo.
Para que no sean esclavos del tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin parar!. De vino, de poesía o de virtud,a vuestro antojo!.
Para que tu tristeza muda no oyese mis palabras, te hablé bajito.
Para tener éxito con las mujeres debe tratarse a las sirvientas como duquesas y a las duquesas como sirvientas.
Parece como si la naturaleza, que tan sabiamente dispuso los órganos de nuestro cuerpo para hacernos felices, hubiera querido darnos también el orgullo para evitarnos el dolor de conocer nuestras imperfecciones.
Parecer discreto vale tanto como entender una cosa, y es mucho más fácil.
Parecía que tus palabras me arrastraban, era todo tan nuestro de verdad, tan bello de verdad, tan sencillo.
Pedimos milagros, como si no fuese el milagro más evidente el que los pidamos.
Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.
Pensad como hombres de acción, actuad como hombres pensantes.
Pensar es como vivir dos veces.
Pensemos en la grandeza de los antiguos, sobre todo de la escuela socrática, y en cómo ésta pone ante nuestros ojos la fuente y el hilo conductor de toda vida y toda actividad, y estimula no a una especulación vacía, sino a vivir y actuar.
Perder nuestro nombre es como perder nuestra sombra; ser sólo nuestro nombre es reducirnos a ser sombra.
Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.
Perdonar no es olvidar, y en el perdón sin olvido sobran palabras y falta corazón.
Pero mientras las dos terceras partes del mundo están subdesarrolladas, ¿cómo vamos a derrochar grandes cantidades en la construcción de templos de piedra olvidando a cristo vivo, presente en la persona de los pobres?.
Pero, ¿cómo no amarla señor, si tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera?.