A veces estoy como en un infierno y no me lamento. No encuentro de qué lamentarme.
A veces lamento hablar en español: escuchado desde la otra orilla debe ser algo incomparable, lleno de chasquidos y latigazos, terrible carga de caballería de abiertas vocales, por entre un campo erizado de consonantes clavadas como estacas.
Guitarra, guitarra mía, por los caminos del viento vuelan en tus armonías coraje, amor y lamento.
Lo único que lamento es no haber inventado el pantalón vaquero.