El hombre no vive, como las bestias salvajes, en un mundo de cosas meramente físicas, sino en un mundo de signos y símbolos.
El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y falso; los animales lo tienen menor, pero útil y verídico, y más vale una pequeña certeza que un gran engaño.
El hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida.
El hombre que no percibe el drama de su propio fin no está en la normalidad sino en la patología, y tendría que tenderse en la camilla y dejarse curar.
El hombre se hace civilizado no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar.
El hombre sólo recurre a la verdad cuando anda corto de mentiras.
El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Sino, ésta establecerá un fin para la humanidad.
El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
El juicio, la valoración, la pretensión, no son experiencias vacías que la conciencia tiene, sino experiencias compuestas de una corriente intencional.
El justo y el injusto no son productos de la naturaleza, sino de la ley.
El lenguaje de la verdad debe ser simple y sin artificios.
El lobo no teme al perro pastor, sino a su collar de clavos.
El mal mas grande del mundo no es la pobreza de los desprovistos, sino la inconciencia de los asegurados.
El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella.
El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas.
El más difícil no es el primer beso sino el último.
El más difícil no es el primer beso, sino el último
El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar.
El mejor servicio que podemos prestar a los afligidos no es quitarles la carga, sino infundirles la necesaria energía para sobrellevarla.
El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte.
El mero filósofo es un tipo humano que normalmente no goza sino de poca aceptación en el mundo al suponerse que no contribuye nada ni a la utilidad ni al placer de la sociedad, ya que vive alejado del contacto con la humanidad y está envuelto en principios igualmente alejados de la comprensión de ésta.
El momento correcto para empezar no es mañana o la próxima semana, sino ahora.
El motivo no existe siempre para ser alcanzado, sino para servir de punto de mira.
El movimiento veloz que agita el mundo no se oye sino andando.