Cuando se inicia y desencadena una guerra lo que importa no es tener la razón sino conseguir la victoria.
Cuando se quiere algo de verdad, desaparecen del vocabulario las palabras aburrimiento, cansancio, desilusión.
Cuando tú y la verdad me hablan, no escucho a la verdad. Te escucho a ti.
Cuando un hombre se echa atrás, sólo retrocede de verdad. Una mujer sólo retrocede para coger carrerilla.
Cuántos, cansados de mentir, se suicidan en cualquier verdad.
Cuéntale a los niños la verdad.
Dale valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.
De la justicia no tienen nada que temer los pueblos, sino los que se resisten a ejercerla.
De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos.
De qué sirve una casa sino se cuenta con un planeta tolerable donde situarla.
De torpes deleites no queda sino el arrepentimiento.
De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes.
Debemos obrar, no para ir contra el destino, sino para ir delante de él.
Debíamos distinguir el núcleo de la verdad. Solo las preguntas que se refieren a la esencia de las cosas tienen sentido. Las respuestas que encuentran su generación entorno a esta pregunta, son su aportación a la arquitectura.
Debo encontrar una verdad que sea verdad para mí.
Dejaré que muera en mí el deseo de amar tus ojos dulces, porque nada te podré dar sino la pena de verme eternamente exhausto.
Despréndete de todas las impresiones de los sentidos y de la imaginación, y no te fíes sino de la razón.
Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.
Dichoso es el que no lo parece a los otros, sino a sí.
Dime lo que lees y te diré quien eres, eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees.
Dime que no me conformarás nunca, ni me darás la felicidad de la resignación, sino la felicidad que duele de los elegidos, los que pueden abarcar el mar y el cielo con sus ojos y llevar el Universo dentro de sus cuerpos.
Dinero sin caridad, es pobreza de verdad.
Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
Dos cosas quiere el hombre de verdad: el peligro y el juego. Por eso quiere la mujer, que es el juguete más peligroso.