Hay que decirle la verdad a alguien que va a morir... es necesario que sepa la verdad, sin eso no podría dormir...
Hay que ser buenos no para los demás, sino para estar en paz con nosotros mismos.
Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad.
Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos.
Hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres.
Hay situaciones en la vida en que la verdad y la sencillez forman la mejor pareja.
Hay sonrisas que no son de felicidad, sino una manera de llorar con bondad.
Hay una cosa más terrible que la calumnia: La verdad.
He aquí la única verdad. Somos los peones de la misteriosa partida de ajedrez que juega Alá. Él nos mueve, nos detiene, vuelve a empujarnos, y al final nos arroja, uno a uno, a la caja de la nada.
Hombres ilustres tienen por tumba la tierra entera.
Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor.
Intento comprender la verdad, aunque esto comprometa mi ideología.
Juventud y adolescencia no son sino exceso e ignorancia.
Juzgamos las acciones humanas no por lo que son, sino por el disgusto o el placer que lo causan.
La acción no debe ser una reacción sino una creación.
La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro.
La amistad no tiene un valor de supervivencia, sino más bien es una de las cosas que da valor a la supervivencia.
La astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda.
La belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa.
La belleza es la otra forma de la verdad.
La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra, y todo lo que necesitas saber.
La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla.
La belleza y la verdad, las dos caras de la realidad.
La belleza, la belleza de verdad, termina donde empieza la expresión intelectual. El intelecto es en sí mismo una forma de exageración y destruye la armonía de cualquier rostro. En el momento en que te sientas a pensar, te vuelves todo nariz, todo frente, o cualquier otra cosa horrible. Mira a los triunfadores de cualquier profesión docta. ¡Qué horrorosos son! Excepto los eclesiásticos, aunque bien es cierto que en la Iglesia no se piensa: un obispo sigue diciendo a las ochenta años lo que le enseñaron a decir a los dieciocho y, en consecuencia, su aspecto es siempre encantador.
La Biblia no es un mero libro, sino una creación viviente, con un poder que vence a todo cuanto se le opone.