Nuestra envidia dura siempre más que la dicha de aquellos que envidiamos.
Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquéllos.
Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído.
Que seria de tu felicidad, radiante astro, si no tuvieras aquellos para los que brillas.
Quien escribe con sangre, y escribe sentencias, ha de ser no leído, sino aprendido de memoria.