Los mayores enemigos de la libertad no son aquellos que la oprimen, sino los que la ensucian.
Los ojos son para mirar, las manos para coger, la cabeza para pensar y el corazón para amar.
Los pequeños actos que se ejecutan son mejores que todos aquellos grandes que se planean.
Los placeres son como los alimentos: los más simples son aquellos que menos cansan.
Los que se quejan de la forma como rebota la pelota, son aquellos que no la saben golpear.