Eran verdes como un mar, con reflejos de alto cielo. ¡Qué bien sabían mirar! unos ojos que recuerdo.
He leído en alguna parte que para amarse hay que tener principios semejantes, con gustos opuestos.
La libertad no es posible más que en aquellos países en que el derecho predomina sobre las pasiones.
La música debe hacer saltar fuego en el corazón del hombre, y lágrimas de los ojos de la mujer.