El amor verdadero hace milagros, porque el mismo es ya el mayor milagro.
El amor, de asnos hace sabios, y de sabios hace asnos.
El amor, tal como se practica hoy en la sociedad, no es más que un intercambio de dos fantasías y el contacto de dos epidermis.
El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos.
El ánimo gozoso hace florida la vida; el espíritu triste, marchita los sucesos.
El aprendizaje es un regalo. Incluso cuando el dolor es tu maestro.
El aprendizaje no sólo exige escuchar y poner en práctica, sino también olvidar y después volver a recordar.
El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible.
El artista sabe lo que hace, pero para que merezca la pena debe saltar esa barrera y hacer lo que no sabe.
El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.
El beneficio que a todos se hace, a ninguno se hace.
El buen lector hace el buen libro.
El cálculo nunca hace al héroe.
El carpintero hábil no se hace torpe para poder ser imitado por cualquiera de sus ayudantes.
El conocimiento de hechos curiosos no sólo hace menos desagradables las cosas desagradables, sino que hace más agradables las cosas agradables.
El conocimiento nos hace responsables.
El crimen hace iguales a todos los contaminados por él.
El deseo hace hermoso lo feo.
El dinero falso lo hacen los hombres; pero en muchas casos, el dinero, falso o no, hace hombres falsos.
El dinero hace al hombre entero.
El dinero no hace la felicidad, pero aplaca los nervios.
El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción.
El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
El dominio viene de la práctica, la práctica viene de la experimentación juguetona y compulsiva y de una sensación de algo maravilloso. El músico, el atleta, el bailarín continúan con su práctica a pesar de los músculos doloridos y de quedarse sin aliento. Este nivel de actuación no lo logra ninguna exhortación calvinista del superyó, a través de sentimientos de culpa u obligación. En la práctica el trabajo es juego, es intrínsecamente gratificante. Es sentir a nuestro niño interno que pide jugar sólo cinco minutos más.