La mitad del mundo no puede comprender los placeres de la otra mitad.
La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede; la otra mitad no tiene nada que decir, pero no calla.
La muerte como final de tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir.
La muerte es algo tan tremendamente airado, que sólo la desnudez, la elemental desnudez, puede escindirla del ridículo.
La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
La mujer puede tanto que hace pecar a un santo.
La música es una de las cosas que puede salvar al mundo, porque un hombre que busca y encuentra y se solaza horas y días y años y años luz, a través de generaciones, con la belleza, ¿qué otra cosa puede querer que un mundo mejor?.
La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.
La nariz de una multitud es su imaginación. Por ella, en cualquier momento, puede guiársela serenamente.
La obra no puede ser mejor que el artista.
La originalidad no puede ser nunca un propósito.
La palabra verdad no se puede usar fuera de la ciencia sin abusar del lenguaje.
La paz viene como necesaria consecuencia del trabajo: pero el trabajo no se alimenta cuando no puede tener la esperanza de realizar y mejorar sus productos.
La pena uno puede soportarla solo, mas para estar alegre se necesitan dos.
La perfección es terrible, ella no puede tener niños.
La persona que puede llevar el espíritu de la risa a una habitación es bendecida.
La persona sádica es tan dependiente de la sumisa como ésta de aquélla: ninguna de las dos puede vivir sin la otra. La diferencia sólo radica en que la persona sádica domina, explota, lastima y humilla, y la masoquista es dominada, explotada, lastimada y humillada.
La pluma puede llegar a ser más cruel que la espada.
La prosa -puede especularse- es discurso; la poesía elipsis. La prosa se habla en voz alta; la poesía se escucha a hurtadillas. La primera es presumiblemente articulada y social, un idioma compartido, la voz de la "comunicación"; la otra es privada, alusiva, inquietante, tímida, idiosincrásica como la delicada tela de una araña, una especie de hechizo insondable para las mentes comunes.
La puerta mejor cerrada es aquélla que puede dejarse abierta.
La razón puede advertirnos sobre lo que conviene evitar; sólo el corazón nos dice lo que es preciso hacer.
La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio.
La religión no admite, no puede admitir, un hombre libre. Solamente acepta el homenaje de los postrados, y desprecia las ofrendas de los que se alzan erguidos.
La sensibilidad levanta una barrera que no puede salvar la inteligencia.
La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.