Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Me enamoré de mi mujer y nunca más me volví a enamorar. La fidelidad te la propones inconscientemente: tienes una familia, unos hijos. ¿Cómo vas a jugar al amor por ahí?.
Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma.
Mi casa, mi mesa, y mi mujer, todo mi mundo es.
Mi madre fue la mujer más bella que jamás conocí. Todo lo que soy, se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la enseñanza moral, intelecutal y física que recibí de ella.
Mi mujer es ardiente y se entrega como mi canción.
Mi primer mundo lo hallé todo en mi escaso pan.
Mujer besada mujer ganada.
Mujer el mundo está amueblado por tus ojos.
Mujer ordenada, con poco llena su casa.
Mujer y ángel que en lo femenino de lo corpóreo que hay en tu existencia, anticipa a mi opaca inteligencia cómo está conformado un ser divino.
Ni te imaginas cuanta gente te rodea cuando crees estar solo con la mujer a la que amas. Os acompañan muchos hombres de los que no sabes nada, sus amantes pasados, y muchos de los que ni siquiera ella sabe nada, sus amantes futuros.
Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, colman mi corazón, y en paz las amo.
Ninguna mujer contrae matrimonio por interés: todas tienen la astucia, antes de casarce con un millonario, de enamorarse de él.
No busques a la vez fortuna y mujer.
No confío en los productos locales. Cuando viajo llevo mi whiskey y mi mujer.
No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que se mantenga en silencio.
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
No creo que esté aquí de más. Aquí hace falta una mujer, y esa mujer soy yo.
No es suficiente combatir la ignorancia de los ignorantes. Es preciso también, y en primer lugar, combatir la ignorancia de los que saben muchas cosas, incluso de los que creen saberlo todo.
No existe el hombre que haya podido descubrir el medio de dar un consejo de amigo a una mujer, ni siquiera a la suya.
No hay carga más pesada que una mujer liviana.
No hay en el mundo nada peor que una mujer, excepto otra mujer.
No hay manto ni sayo que peor siente a la mujer que el querer ser sabia.
No hay más brava cosa, que una mujer celosa.