No hay que mirar que bien nos ha hecho un amigo, sino solamente el deseo que él tiene de hacérnoslo.
No inclines nunca la cabeza, tenla siempre erguida. Mira al mundo directamente a la cara.
No podemos temer nunca cuando tenemos una madre poderosa y amante que vela por nosotros.
No precisa agua de manantiales, pues tiene mis ojos, ni sol, con la belleza de su figura.