Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
Dios mío, casi no he creído nunca en tí, pero siempre te he amado.
Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin ayuda del diablo.
Dios tiene dos tronos. Uno en lo más alto de los cielos y otro en el más humilde de los corazones.
Dios, aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre.
Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre las demás cosas.
Donde el camino me llevó siempre una lumbre daba abrigo pero yo nunca conocí qué es una patria y un hogar.
Donde hay poca justicia es un peligro tener razón.
Donde tiene el tesoro el avariento, tiene el entendimiento.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos vizcos, con más motivo.
Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón.
Dos velas tengo encendidas en el altar de mi alma, y en él adoro a una virgen que tiene tu misma cara.
Dudar de todo es carecer de lo más preciso de la razón humana, que es el sentido común.
Educación es lo que la mayoría recibe, muchos transmiten y pocos tienen.
El abogado siempre tiene prisa.
El acreedor tiene mejor memoria que el deudor.
El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón.
El alma noble nunca muere, más allá de su eternidad brillarán sus huellas.
El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.
El amor a la patria es más patente que la razón misma.
El amor es el principio de todo, la razón de todo, el fin de todo.
El amor jamás reclama; da siempre. El amor tolera, jamás se irrita, nunca se venga.
El amor no envejece nunca; muere en la infancia.
El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio.
El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males.