No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla, que a consumir riqueza sin producirla.
Obra de modo que la máxima de tu voluntad pueda ser en todo tiempo principio de una ley general.
Para tener un matrimonio feliz se necesita tener madurez intelectual, económica y emocional.
Para un buen matrimonio hay que enamorarse muchas veces, siempre de la misma persona.
Parece, pues, que la felicidad es algo perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos.
Puede considerarse bienaventurado y no pedir mayor felicidad el hombre que ha encontrado su trabajo.
Que seria de tu felicidad, radiante astro, si no tuvieras aquellos para los que brillas.