El matrimonio es el tormento de uno, la felicidad de dos, los conflictos y la ememistad de tres.
Casi siempre que un matrimonio se lleva bien, es porque uno de los esposos manda y el otro obedece.
Conocer las cosas que lo hacen a uno desgraciado, ya es una especie de felicidad.
Cuando el amor ha sido una comedia, forzosamente el matrimonio tiene que derivar en drama.
Cuando la felicidad nos sale al paso nunca lleva el hábito con que nosotros pensábamos encontrarla.
Cuando se dice que el dinero no hace la felicidad se alude, evidentemente, al de los demas.
Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido.