El progreso es la realización de las utopías.
El progreso no consiste en aniquilar hoy el ayer, sino, al revés, en conservar aquella esencia del ayer que tuvo la virtud de crear ese hoy mejor.
El progreso no es un accidente, es una necesidad, una parte de la naturaleza.
El progreso social puede ser medido por la posición social del sexo femenino.
El progreso y el desarrollo son imposibles si uno sigue haciendo las cosas tal y como siempre las ha hecho.
El que tiene la verdad en el corazón no debe temer jamás que a su lengua le falte fuerza de persuasión.
El rico no gozaría nada si le faltase la envídia de los demás.
El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.
El simple deseo de progresar ya representa en sí mismo un gran progreso.
El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable".
El valor de la fuerza de voluntad abre caminos.
El verdadero instrumento del progreso radica en el factor moral.
El verdadero progreso consiste en renovarse.
El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos.
El verdadero progreso social no consiste en aumentar las necesidades, sino en reducirlas voluntariamente; pero para eso hace falta ser humildes.
Ella es la fuerza viva, el soplo ardiente de cuanto sueña y goza, piensa y siente; de cuanto canta y ríe, vibra y ama.
En donde la fuerza sobra, hasta la razón estorba.
En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
En medio de este atolladero de angustia encontré la fuerza para luchar y salir adelante. Quizás me di cuenta de que mi esposa no hubiese querido verme así. Algo me hizo arrancar y aferrarme a la vida y al amor.
En todos los asuntos humanos hay esfuerzos y resultados, y la fuerza del esfuerzo es la medida del resultado.
Entre dos hombres iguales en fuerza, el más fuerte es el que tiene la razón.
Envidia, ni tenerla ni temerla.
Es excelente tener la fuerza de un gigante, pero es tiránico usarla como un gigante.
Es increíble la fuerza que el alma puede infundir al cuerpo.
Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia.