El dinero no puede satisfacer el corazón del hombre, sino el buen uso que de él se hace, es esto lo que produce la verdadera satisfacción.
El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.
El ejercicio hace maestro al novicio.
El epitafio es la última tarjeta de visita que se hace el hombre.
El erotismo es cuando la imaginación hace el amor con el cuerpo.
El escultor no hace más que llamar, con el cincel y a golpe de martillo, a los guerreros que duermen en las espesuras del mármol.
El favor consiste no en lo que se hace o se da, sino en el ánimo con que se da o se hace.
El fin de la religión, de la moral, de la política, del arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos más que ocultar la verdad a ojos de los necios.
El genio hace lo que debe y el talento lo que puede.
El gusto por la adulación se debe, en la mayoría de los hombres, a la pobre opinión que tiene de sí mismos; con las mujeres ocurre al contrario.
El hábito no hace al monje.
El hambre hace ladrón a cualquier hombre.
El hecho de que la improvisación se pierde en el aire nos hace apreciar que cada momento de la vida es único. . . Un beso, un atardecer, una danza, un chiste. Ninguno volverá a repetirse de la misma manera. Cada uno sucede una sola vez en la historia del universo.
El hombre de talento es aquel que lo hace todo por instinto.
El hombre económico es el más rico de los hombres, pero el avaro es el más pobre.
El hombre es una criatura de esperanza e inventiva y ambas cualidades desmienten la idea de que no es posible cambiar las cosas.
El hombre hace leyes; la mujer, modales.
El hombre hace suyo un lugar no sólo con el pico y la pala, sino también con lo que piensa al picar y palear.
El hombre más feliz es el que hace la felicidad del mayor número de sus semejantes.
El hombre odia a quien le hace sentir su propia inferioridad.
El hombre que condiciona su felicidad al cumplimiento de un objetivo se hace esclavo de éste.
El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes.
El hombre que no comete errores usualmente no hace nada.
El hombre sabio es pobre en apariencia, pues su tesoro está en Suiza.
El hombre se hace civilizado no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar.