Lo único que necesitamos para convertirnos en buenos filósofos es la capacidad de asombro.
Los ancianos gustan de darnos buenos preceptos para consolarse de no poder darnos malos ejemplos.
Los árboles tienen una vida secreta que sólo les es dado conocer a los que se trepan a ellos.
Los ciegos pueden al tacto comprobar lo amado, mi corazón es todo tacto para tu presencia.
Los deseos de nuestra vida forman una cadena, cuyos eslabones son las esperanzas.