Todos los hombres tienen una mujer en el pensamiento; los casados, además, tienen otra en casa.
Todos somos capitanes y la diferencia está sólo en el barco en que vamos sobre las aguas del mar.
Todos tenemos nuestra casa, que es el hogar privado; y la ciudad, que es el hogar público.
Tomé una respiración profunda y escuché el viejo rebuzno de mi corazón: soy yo, soy yo, soy yo.
Tu corazón es igual que una playa, que, pudiendo ser tierra, nunca llega a ser mar.