Entrometerse en el desatino del hombre es siempre una faena muy ingrata.
La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.
La más tonta de las mujeres puede manejar a un hombre inteligente, pero es necesario que una mujer sea muy hábil para manejar a un imbécil.
La verdad no se decide por el voto popular.
La victoria y el fracaso son dos imposibles, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén.
Los peores embusteros son los propios temores.
No hay mayor placer que el de encontrar un viejo amigo, salvo el de hacer uno nuevo.
Se aprende más por lo que la gente habla entre sí o por lo que se sobrentiende, que planteándose preguntas.
Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé; sus nombres son cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué.
Si en la lid el destino te derriba; si todo en tu camino es cuesta arriba, si tu sonrisa es ansia insatisfecha, si hay faena excesiva y vil cosecha, si a tu caudal se anteponen diques. . . Date una tregua ¡pero no claudiques!.
Si encomiendas a un hombre más de lo que puede hacer lo hará. Si solamente le encomiendas lo que puede hacer, no hará nada.
Si llenas un minuto envidiable y certero de sesenta segundos que te lleven al cielo... toda esta tierra será dominio tuyo y aún mucho más, serás hombre, hijo mío.
Siempre me he inclinado a pensar bien de todo el mundo; evita muchos problemas.
Siempre prefiero pensar lo mejor de todo el mundo, ahorra muchos problemas.
Toma problemas prestados, si te lo dicta tu naturaleza, pero no los prestes a tus vecinos.
Veneré a rudyard kipling a los 13 años, lo aborrecí a los 17, lo disfruté a los 20, lo desprecié a los 25, y ahora de nuevo lo admiro bastante. Lo único que nunca pude hacer fue olvidarlo.