Fui una letra de tango para tu indiferente melodía
Hubo un momento en que a mi sueño navegante la imagen pareciste de su sueño.
La ciencia se compone de errores, que a su vez, son los pasos hacia la verdad.
La muerte puede consistir en ir perdiendo la costumbre de vivir.
La verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo.
Lo que no ha pasado a mediodía puede pasar por la noche.
Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.
Me falta el jarro de flores olorosas de tu corazón.
Mi silencio responde a tu silencio, y la respuesta a mis preguntas miro apenas en tus ojos encenderse.
Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
Ningún juego te hará olvidar: tu alma es una máquina fría, un lúcido registro
No hay democracia sin determinación.
No me creas demasiado optimista; conozco a mi país, y a muchos otros que lo rodean. Pero hay signos, hay signos.
Oh, botella sin vino! ¡Oh, vino que enviudó de esta botella!.
Para qué volver sobre el echo sabido de que cuanto más se parece un libro a una pipa de opio más satisfecho queda el chino que lo fuma, dispuesto a lo sumo a discutir la calidad del opio pero no sus efectos letárgicos.
Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino.
Soledad te pedía y soledad me diste, y es ésta la alegría de mi existencia triste.
Te curaste con olvido y yo he seguido queriéndote con mi equívoco amor, firme en mi error.
Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad.
Todos los días son aniversarios que una memoria infiel no conmemora: aniversarios de lejanas dichas, de sueños, de inquietudes y de auroras.
Un aire de caricias ondula la marea castaña de tu pelo con luz que balbucea.
Un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil.
Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
Y yo respiro, y ando, y caigo, y giro y vuelvo a ver los árboles sedientos y los pájaros disparados en la embriaguez de la música del viento y estoy inmóvil y absorto y maravillado de un día más en el pecho ardiendo.
Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.