El ajedrez se trata de un duelo de un hombre contra otro, donde lo que es la personalidad del hombre queda comprometida. Cada jugador lucha contra su enemigo interior que es su torpeza o sus hallazgos.
El amor , administrado por la vigilancia, es el único modo seguro de felicidad y gobierno entre los hombres.
El amor auténtico se encuentra siempre hecho. En este amor un ser queda adscrito de una vez para siempre y del todo a otro ser. Es el amor que empieza con el amor.
El amor crece, crece como los pinos, crece como las palmas. Y desde lo alto de él, se ve pequeño el mundo.
El amor es el único idioma que puede prescindir de las palabras.
El amor es eterno mientras dura.
El amor es un eterno insatisfecho
El amor es un eterno insatisfecho.
El amor florece tierra movediza, y es ley de la llama trocarse en cenizas
El amor llenará al cabo el pecho de los hombres.
El amor verdadero no espera a ser invitado, antes él se invita y se ofrece primero.
El amor, a quien pintan ciego, es vidente y perspicaz porque el amante ve cosas que el indiferente no ve y por eso ama.
El amor, más que un poder elemental, parece un género literario. Porque el amor, más que un instinto, es una creación, y aun como creación nada primitiva en el hombre.
El arte es un compendio de la naturaleza formado por la imaginación.
El ave canta aunque la rama cruja, porque conoce lo que son sus alas.
El camino nace del caminante.
El camouflage es, por esencia, una realidad que no es la que parece. Su aspecto oculta, en vez de declarar su sustancia. Por eso engaña a la mayor parte de las gentes. Sólo se puede librar de la equivocación que el camouflage produce quien sepa de antemano, y en general, que el camouflage existe.
El conocimiento es sólo una de las representaciones de la existencia.
El corazón es lo primero que vive en la estructura del animal y lo último que muere. En él tiene su comienzo y su término la vida.
El cuarenta por ciento de la felicidad depende de los genes.
El deber de un hombre está allí donde es más útil.
El deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente.
El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro.
El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho.
El digno sufre. Pero su dignidad lo consuela.