Todos podrían herir a la verdad. Pero nadie podría matarla.
Tremendo contraste entre el crepitar del fuego en su comienzo y la paz de la ceniza.
Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
Triunfar es también llegar al fin de la ilusión.
Tu corazón es igual que una playa, que, pudiendo ser tierra, nunca llega a ser mar.
Tu silencio junto al mío es un idioma.
Un ambicioso, es un criminal.
Un amor que pregunta, si es virtud o es pecado, la fuerza que lo agita, eso es el amor soñado.
Un amor que razona, que contrata su ensueño, inevitablemente será un amor pequeño.
Un buen libro es patrimonio de todo el mundo.
Un caudillo desinteresado, es una gala de los hombres y huésped eterno de la patria.
Un cuerpo aloja una vida. Y un corazón la acaricia.
Un éxito inmerecido semeja una medalla encontrada.
Un gran error puede mostrarnos la verdad.
Un hijo es una pregunta que le hacemos al destino.
Un historiador es un profeta al revés.
Un libro de cabecera no se escoge, se enamora uno de él.
Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía.
Un niño huérfano es un niño sin niñez.
Un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros.
Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército!.
Un pueblo no es independiente cuando ha sacudido las cadenas de sus amos, empieza a serlo cuando se ha arrancado de su ser los vicios de la vencida esclavitud, y para patria y vivir nuevos, alza e informa conceptos de la vida radicalmente opuestos a la costumbre de servilismo pasado, a las memorias de debilidad y de lisonja que las dominaciones despóticas usan como elementos de dominio sobre los pueblos esclavos.
Una buena parte de los hombres no tiene más vida interior que la de sus palabras, y sus sentimientos se reducen a una existencia oral.
Una derrota peleada vale más que una victoria casual.
Una escuela es una fragua de espíritus.