Los hombres políticos de estos tiempos han de tener dos épocas: la una, de derrumbe valeroso de la innecesario; la otra, de elaboración paciente de la sociedad futura con los residuos del derrumbe.
Los hombres pueden dividirse en tres clases: los que creen ser donjuanes, los que creen haberlo sido y los que creen haberlo podido ser, pero no quisieron.
Los hombres son como los astros, que unos dan luz de sí y otros brillan con la que reciben.
Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan, y los que odian y deshacen.
Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van.
Los investigadores alimentamos el instinto de saber; somos operarios del patrimonio intelectual de la humanidad.
Los madrileños se acercan al circo a ver un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres.
Los más rezan con los mismos labios que usan para mentir.
Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera.
Los niños son la esperanza del mundo.
Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad.
Los que luchan buscando el bien ya lo han encontrado.
Los que se quejan de la forma como rebota la pelota, son aquellos que no la saben golpear.
Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria.
Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.
Los valientes también temen. Pero siguen avanzando.
Los valores morales se pierden sepultados por los económicos.
Me cuesta bajar el poema del aire, allí donde me hundo con el plumaje vertical de las palabras. Rozando el infierno y el invierno el poema es un dios de pies ligeros apaleado por las estrellas.
Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar.
Mi corazón es una playa triste, y tú eres una ola que viene y que se va.
Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Quién ha muerto en el? Leamos. ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!.
Mi gloria es vivir tan libre, como el pájaro del cielo, no hago nido en este suelo, ande hay tanto quen sufrir; y naides me ha de seguir cuando yo remuento el vuelo.
Mi mayor ilusión es seguir teniendo ilusiones.
Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos.
Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.