Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
Yo nunca busco temas, dejo que los temas me busquen y yo los eludo, pero si el tema insiste, yo me resigno y escribo.
Yo siempre seré el futuro Nóbel. Debe ser una tradición escandinava.
¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.
¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada?
¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada?.
¿Es un imperio esa luz que se apaga o una luciérnaga?.
¿por qué tengo que creer que un subsecretario es más real que un sueño?.
¿quién soy? estoy tratando de averiguarlo.
El Estado soy yo.
... Y todo por amarte, lindísimo país poblado de cadáveres y cráteres floridos.
A los que tienen paciencia, las perdidas se les convierten en ganancias, los trabajos en merecimientos y las batallas en coronas.
Ahora tenés tiempo y tenés tiempo y recordame. No me perdás en tu cabeza.
Amigo verdadero es el amigo de las horas difíciles.
Amigos. Nadie más. El resto es selva.
Aquel amor aun vibra bajo el impulso de una imagen, mero fantasma.
Así voy sin ti: perdido por entre gentes que anulan nuestro amor bajo su olvido.
Aunque el Vaticano sostenga que la castidad es el valor supremo, en cualquier caso, me parece la aberración sexual más grande.
Ayer pasó Dios por mi puerta y me miró a los ojos (nunca lo había visto de aquel modo inquisitivo). Hizo que repitiera el nombre que llevo entre los labios: era tu nombre, amor.
Beso el barro, amo el estuco delicado, me inclino ante los sabios estelares, ante el pueblo que contaba los luceros y escribió sobre basalto la única historia verdadera que se ha escrito en esta tierra.
Cada vez que me despierto mi boca vuelve a tu nombre como el marino a su puerto.
Cada vez que proveo una plaza vacante, creo cien descontentos y un ingrato.
Calor, amor. La historia tras la puerta.
Conceder el perdón es el más alto grado de vanidad o de miedo.
Cualquiera es poderoso para hacer.