La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa.
La vieja mano sigue trazando versos para el olvido.
Las dictaduras podrían ser buenas, pero no lo son. Porque la dictadura ilustrada es una utopía. Y las militares son las peores.
Las tiranías fomentan la estupidez.
Lejos un trino. El ruiseñor no sabe que te consuela.
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse de lejos y no tomarse en serio. Después, el valor y la humildad, siempre que no sea ostentosa.
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy.
Nada está construido en la piedra. Todo está construido en la arena. Pero debemos construirlo como si la arena fuese piedra.
Nadie es patria, todos lo somos.
Nadie y todos somos la patria.
Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios serán favor tan misterioso como mirar tu sueño implicado en la vigilia de mis brazos.
No eres ambicioso: te contentas con ser feliz.
No hables al menos que puedas mejorar el silencio.
No he cultivado mi fama, que será efímera.
No podría definirme como ateo, porque declararme ateo correspone a una certidumbre que no poseo.
No sé hasta qué punto un escritor puede ser revolucionario. Por lo pronto, está trabajando con el idioma, que es una tradición.
No sé si la instrucción puede salvarnos, pero no sé de nada mejor.
Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica.
Otro demérito de los falsos problemas es el de promover soluciones que son falsas también. A plinio (historia natural, libro octavo) no le basta observar que los dragones atacan en verano a los elefantes: aventura la hipótesis de que lo hacen para beberles toda la sangre que, como nadie ignora, es muy fría.
Para el argentino, la amistad es una pasión y la policía una mafia.
Publicamos nuestro libros para librarnos de ellos, para no pasar el resto de nuestras vidas corrigiendo borradores.
Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.